TODOS PARA UNO

Cada día que paso en Taiwan aprendo más sobre sus tradiciones y sobre su manera de entender las artes marciales. Sin ir más lejos hoy mismo he tenido una de estas experiencias.

Ayer nos desplazamos desde Tainan, lugar donde está ubicado el Centro Luohantang y donde entrenamos habitualmente, para ir a Taitung. Ciudad situada en la parte oriental de la isla. Sinceramente el viaje ha sido precioso, pasar tres horas y media en el tren y ver cómo cambia el paisaje, selva y ríos por todas partes. Todo ello hace que uno entienda porque los portugueses llamaron a Taiwan, Formosa (isla hermosa).

Hoy nos hemos levantado temprano, como siempre, aunque el día era diferente ya que el motivo que nos ha traído a este emplazamiento era disfrutar de un encuentro de Tuishou con los integrantes de una de sus principales escuelas de Taijiquan.

La verdad es que no he sabido la relevancia del encuentro hasta que amablemente se me ha explicado el por qué del mismo. Taitung es un emplazamiento bastante alejado de la multitud de escuelas y mítines de Tuishou que se hacen en la isla, motivo por el cual siempre son bienvenidas este tipo de visitas. En este caso hemos tenido el honor de intercambiar experiencias con los alumnos de la Escuela de Taijiquan de Zheng Manqing en Taitung, dirigida por el Maestro Wei-Hao Chao. El Maestro Wei es hermano de práctica y estilo de nuestro entrenador principal, el Maestro Zhuang Kaijun, lo que ha facilitado el trámite.

Zhuang Kaijun cada dos meses, más o menos, visita este emplazamiento para colaborar con su formación de empuje de manos, junto con el Maestro Wei.

Una vez hechas las presentaciones, tal y como la tradición obliga se nos ha situado, a nuestro segundo entrenador, el Maestro Jinglong Huang y a mi, al inicio de dos largas filas de alumnos pertenecientes a esta escuela. Menos mal que me habían explicado con anterioridad el porqué de este posicionamiento. Siguiendo la tradición, cuando practicantes de otra escuela a los que ellos consideran de buen nivel, visitan otro centro, implica que todos los alumnos de la escuela anfitriona quieran probar sus habilidades ante los invitados.

La mejor manera es posicionar a éstos, frente dos o más hileras de anfitriones para que todos comprueben el nivel que traen. El encuentro es totalmente amistoso, para nada competitivo aunque en muchas ocasiones ambos bandos, representantes de sus propias escuelas o centros, se esfuerzan en dejar alto el nombre de sus raíces.

El Maestro anfitrión escoge qué alumnos se sitúan frente a los invitados y en rondas de tres minutos por persona, con treinta segundos de descanso, se va empujando con todos y cada uno de ellos. Está claro que los invitados tiene cierta desventaja ya que los anfitriones cada tres minutos regresan de nuevo al final de la fila. Mientras que los invitados, cada tres minutos hacen un pequeño descanso y vuelven a empujar con un nuevo anfitrión.

Todos los tiempos están reglados por cronómetro y todo el mundo los sigue a rajatabla, incluidos los descansos. Es de destacar que una de las cosas que más se valora, del lado de los invitados, reside en que no muestren cansancio, ni respiración alterada, incluso que no suden en exceso ademas, la depuración de la técnica y la potencia del Jin, por supuesto. Todo ello es indicativo de que se tiene buen Gongfu. De lo contrario, se puede dejar en mal lugar a la propia escuela o centro.

Aunque sinceramente debo reconocer que lo de no cansarse después de empujar con ocho oponentes durante rondas de tres minutos, con apenas treinta segundos de descanso, es algo difícil de conseguir. Uno debe estar plenamente relajado durante los asaltos, de lo contrario tanto sudor como alteración de la respiración se convierten en compañeros poco deseados de práctica.

Una vez se termina con los integrantes de la fila, el Maestro Wei permite tres minutos de descanso a los invitados. Tiempo que uno aprovecha para beber algo de líquido y charlar de la experiencia con sus entrenadores. Pasados estos tres minutos de cortesía, vuelta a empezar pero eso si, esta vez, con los integrantes de la otra fila.

Después de varias rondas completas todos los alumnos y alumnas anfitriones han empujado con cada uno de nosotros, lo que permite que tanto ellos como nosotros verifiquemos el nivel, en todos los aspectos.

Una vez todo acaba, el Maestro anfitrión suele tener unas palabras para con sus alumnos. En ellas comenta las cosas que deben mejorar y los atributos que ve en cada uno. Después se cede paso por estricto orden de jerarquía, a las opiniones de los visitantes y amablemente, se comparte unas palabras con ellos.

La verdad que ha sido una experiencia muy enriquecedora, por varios motivos. Primero por representar en un evento de este tipo al Centro Luohantang de Tainan, lo que para mi es un auténtico honor y privilegio. La confianza que están depositando es algo que solamente puedo agradecerles con entrenamiento, esfuerzo y respeto. Segundo, porque poco a poco, pasito a pasito me voy adentrando en la cultura tradicional con la que aquí, en Taiwan, se entienden las artes marciales y tercero, porque uno puede respirar en cada rincón humildad, respeto y buen Gongfu.

BLACK DOG


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